De territorios estratégicos… y mapas comunes (Strategic Visuals)
Si cada persona sostiene un sentido distinto, o no ve el mapa completo, el rumbo compartido se deshace.Y cuando el rumbo compartido se deshace, el camino común desaparece.
Este es el síntoma más frecuente en direcciones generales y líderes de equipo con los que trabajo: la estrategia existe… pero no se vive igual.
Cada persona la interpreta desde su rol.
Cada área la baja desde sus urgencias.
Cada cabeza la dibuja según su marco mental.
El resultado: estrategias mejor o peor diseñadas que no se sienten propias. Documentos impecables que no orientan. Planes potentes que no se activan porque no existe una comprensión común.
No es que la gente no quiera. Es que no ve lo mismo.
Y cuando no vemos lo mismo, no caminamos juntos, juntas.
El verdadero bloqueo no está en la comunicación al final. Está en la comprensión compartida desde el principio.
Muchos equipos creen que el problema aparece cuando “hay que comunicar la estrategia”. Pero la raíz está antes: Cuando la estrategia la piensan y diseñan unas pocas cabezas. Y se espera que muchas manos la ejecuten. Sin haberla visto. Sin haberla entendido en capas. Sin haberla podido “leer” de forma clara, visual y orientadora.
Por eso, cuando llega el momento de explicar, compartir o movilizar… todo cruje.
Porque comunicar algo que no se ve. literal y metafóricamente, es imposible.
Aquí entran en juego los mapas estratégicos: no como elementos “simpáticos de decoración”, sino como auténticas infraestructuras de comprensión.
Un ejemplo a escala Europa: diversidad extrema, complejidad máxima, necesidad absoluta de un mapa común
Acabo de regresar de Copenhague, de la SME Assembly que organiza anualmente la DG-GROW de la Comisión Europea. Tengo la oportunidad de contribuir dentro del Participatory Leadership Team junto amis queridos Sabine Gressel-Soeder y Gerardo de Luzenberger.
Allí nos encontramos un reto que cualquier dirección reconocerá… pero amplificado hasta el extremo: Más de 500 personas de 27 Estados Miembros con culturas, prioridades económicas y marcos políticos radicalmente distintos representando a más de 26 millones de PyMEs. Este año, bajo el lema Successful SMEs, Competitive Europe teníamos dos marcos estratégicos cruciales: the Single Market Strategy (la Estrategia para el Mercado Único), y the Competitiveness Compass (la Brújula para la Competitividad). Dos documentos densos, multidimensionales, llenos de capas y dependencias.
Pero la pregunta era exactamente la misma que en cualquier empresa: ¿Cómo logramos que personas tan distintas vean LO MISMO, entiendan LO MISMO y puedan caminar HACIA LO MISMO? Y la respuesta estuvo en lo visual. Cuando los entregué (querían servir de marco de trabajo para esos días) no dijeron “infografías”. Me regalaron este concepto, dijeron: “These are Strategic Visuals.”
Porque no se trataba de “explicar bonito”. Se trataba de poner a 27 países en el mismo mapa mental para que cada cual pudiera comprender:
- dónde estamos,
- qué está en juego,
- qué decisiones requiere cada nivel,
- y cómo su aportación mueve el conjunto.
En un momento económico y geopolítico crítico para Europa, la fuerza de estos mapas visuales no es estética. Es estratégica.
Por qué funcionan: hacen aprehensible lo que puede ser inaccesible
Un mapa estratégico, mi forma de traducir Strategic Visual, no es un dibujo bonito ni un atajo simplificador. Es una herramienta de precisión que destila la complejidad sin destruirla, que ordena el territorio sin empobrecerlo, que convierte densos documentos y marcos estratégicos en sistemas visuales donde lo esencial se ve, se entiende y se mueve.
Un buen mapa ofrece capas: la mirada global —la big picture que orienta— y el detalle operativo —procesos, indicadores, dinámicas— convivendo en un mismo marco.
No obliga: aligera.
No reduce: revela.
Y ahí está su fuerza.
Porque cuando personas muy distintas miran el mismo mapa y pueden decir a la vez:
“Vale, ahora sí.
Ahora lo veo.
Ahora entiendo el rumbo.
Ahora sé dónde estoy yo en todo esto.”
…ese instante cambia el juego.
Ese momento convierte la diversidad en ventaja competitiva.
Ese momento convierte un puzzle disperso en un sistema coherente.
Ese momento transforma una organización —o una Europa entera— que avanzaba con lecturas distintas en un colectivo capaz de pensar, decidir y actuar desde un marco común.
Un mapa estratégico no simplifica la realidad: la hace navegable.
Y esto, ¿qué tiene que ver con tu equipo? Todo.
Porque lo que ocurre entre 27 países es exactamente lo mismo que ocurre entre 7 personas en un comité, o lo que les pasa a las 30, 200 o 1.500 personas de tu organización.
Europa tiene 26 millones de pymes intentando comprender un marco común para poder avanzar juntas. Tu empresa tiene decenas, cientos o miles de personas intentando comprender una estrategia para poder remar en la misma dirección.
La escala cambia.
El reto es idéntico.
Cuando cada país interpreta algo diferente, Europa pierde cohesión. Cuando cada área de tu compañía interpreta la estrategia a su manera, tu organización pierde foco, energía y capacidad de avanzar.
Lo que le ocurre a esas 26 millones de SMEs, diversidad, complejidad, interpretaciones distintas, necesidad de un mapa común, es lo mismo que le ocurre a los equipos que acompañas, lideras o diriges.
Sin una visión clara, visual y compartida, nadie sabe realmente hacia dónde va.
Cada una:
- trae su marco,
- interpreta desde su experiencia,
- lee la estrategia según su urgencia,
- y ocupa una posición en el sistema.
Si no hay un mapa común, cada quien ve un trozo. Y una estrategia vista por trozos no genera movimiento, solo dispersión.

Un mapa estratégico (Strategic Visual) hace justo lo contrario:
- muestra
- ordena
- orienta
- y une
lo que hasta ese momento estaba repartido en PDFs, power points, discursos, comités y… suposiciones.
El punto de inflexión siempre es el mismo
Da igual si acompañamos a una pyme industrial o a la Comisión Europea.
El momento clave ocurre aquí:
“Ah, vale.
Ahora lo veo.
Ahora sé hacia dónde vamos.
Ahora sé dónde estoy yo en todo esto.”
Ese instante transforma la participación en apropiación. Y la estrategia deja de ser un plan… para convertirse en un rumbo compartido*.
Por eso es urgente traducir la complejidad en claridad, convertir documentos densos en herramientas comprensibles, diseñar mapas estratégicos que alineen miradas distintas, generar una narrativa realmente compartida y activar la estrategia en equipos diversos para que el rumbo no solo exista, sino que pueda vivirse y moverse en la práctica. Porque una organización, igual que Europa, solo puede avanzar si todas sus personas pueden ver el mismo futuro. No se trata de dibujar. Se trata de alinear pensamiento estratégico a través de mapas visuales que se entienden y se usan.
Porque es cuando lo vemos, que nos sentimos parte, lo vivimos. Y cuando lo vivimos y nos sentimos parte, es cuando nos movemos.
*PD: Abro un paréntesis o nota final. Aquí no puedo dejar de visualizar el siguiente reto, enorme y apasionante a la vez: cómo trasladamos lo que analizamos, debatimos y co-creamos en estos espacios a esas 26 millones de pymes europeas que no estuvieron allí, pero que necesitamos comprender con claridad hacia dónde vamos para poder avanzar. Porque seguro que la respuesta no es “enviar un documento” y confiar en que llegue. Lo que necesitaremos, y esto lo dejo aquí como desafío profesional y político, será generar narrativas estratégicas sencillas pero profundas, visuales, comprensibles y accionables, que hagan que lo esencial se pueda entender y vivir más allá de quienes estuvieron presentes. ( Y lo dejo también como una llamada de atención sobre lo que suele ocurrir “después” de estos eventos: que la conversación se queda en quienes participaron, en las dinámicas internas de quienes tuvimos la suerte de estar allí… mientras que la pregunta clave es cómo hacemos que ese conocimiento, esa visión y ese impulso lleguen también a quienes no estaban. A quienes lo necesitan para poder moverse.). Cierro paréntesis.


