Adaptar la Estrategia en equipo: 8 aprendizajes de navegar a vela
07/08/2026
Hay rumbos a los que no se llega en línea recta
Ocho aprendizajes estratégicos tras tres días navegando en un J/80.
He disfrutado de tres días iniciándome en el arte de navegar a vela. Un J/80, un equipo de cinco personas y un viento que no paraba quieto.
Y una y otra vez, será deformación profesional, me venía su relación directa con la Estrategia.
Lo que más me ha ocupado la cabeza es que hay un rumbo al que el barco no puede ir. Si apuntas de frente a donde viene el viento, entras en el triángulo, la zona muerta: las velas flamean, el timón deja de responder y te quedas parado. El destino está ahí delante y la línea recta es justo la maniobra que no funciona.
Se llega adaptando el rumbo. Ciñendo a un lado, virando, ciñendo al otro. Avanzando en ángulo hacia algo que tienes enfrente.
En los procesos de Estrategia que acompaño pasa exactamente lo mismo, y casi nunca lo llamamos así.
El viento no se ve, se lee.
El viento es el gran protagonista y no se ve. Es quien mueve el barco, y no lo eliges: rachea, rola y cambia sin avisar.
Se lee en la veleta, en los hilos del foque, en cómo se riza el agua unos metros por delante. Primero lo Ves, después generamos el Movimiento.
En una organización, el viento es el entorno.
No decides el viento. Decides si lo escuchas, lo lees y lo Ves. Y esa lectura tiene que ser continua, porque el entorno no espera al siguiente comité.
Debajo hay corriente.
El mar tampoco es un decorado. Debajo hay corriente, y te desplaza aunque no la sientas. Puedes llevar el rumbo perfectamente trazado y llegar a un sitio distinto del que habías elegido.
El mercado funciona igual. Si no lo lees, no le respondes y te puedo colocar en un lugar que no deseas.
Cazar y soltar: el ajuste es continuo.
Las velas se cazan y se sueltan sin parar. El juego de los winches es el punto exacto donde se ajusta la tensión, vuelta a vuelta, según cómo entra el viento en ese momento.
Ahí se decide. Y se decide en movimiento, a cada rato.
La planificación estratégica anual sigue teniendo sentido como marco. El problema aparece cuando ese marco se confunde con el ajuste, y un equipo espera doce meses para tocar algo que el entorno cambió en marzo.
Hacer banda.
Hubo un momento que me sorprendió. Íbamos perdiendo velocidad sin saber muy bien por qué, y lo que lo resolvió fue hacer banda: mover nuestros propios cuerpos al otro lado para equilibrar el barco.
Nada del rumbo. Nada de las velas. Solo dónde estábamos colocadas cada una. Y el barco volvió a correr.
A veces no falla el rumbo ni la maniobra. Falla dónde está colocada cada persona.
Cada virada es coral.
En ese movimiento intencionado, cada virada es coral: quien lleva la caña canta la maniobra, alguien suelta un winch y caza el otro, alguien trabaja la mayor. Un baile al son de las olas y del viento.
Si uno se descuelga, el barco se planta.
Esto es lo que más cuesta trasladar a una sala. La adaptación estratégica no la ejecuta quien la diseña: la ejecuta un equipo que mira y actúa desde dentro de la Estrategia. Que la conoce, la Ve, y desde ahí se mueve. Quien no actúa puede parar el movimiento entero, aunque nadie lo haya decidido.
El timón: correcciones pequeñas y continuas.
El rumbo se sostiene con correcciones pequeñas y constantes. Y hay golpes de timón, claro, cuando toca virar o trasluchar.
La diferencia está en que el equipo sabe Ver el movimiento antes de que ocurra. Cuando hay que cambiar con urgencia, responde, porque lleva todo el rato leyendo lo mismo.
La quilla: lo que sostiene y no se ve.
La quilla va debajo de la línea de flotación. No se ve con los ojos. Pero sabes que está, y en ese sentido la Ves.
Su trabajo es discreto y decisivo: equilibra el barco y convierte el empuje lateral del viento en avance. Sin quilla, el viento no empuja. Tumba.
En una organización, esa quilla es el criterio compartido. Lo que permite que cada persona decida en su puesto sin tener que preguntar, porque todas están leyendo el mismo mapa.
Cuando falta, el mismo viento que debería impulsar a la organización la escora. Más información, más urgencia y más iniciativas producen más inclinación y menos avance.
Estos días hablamos mucho de adaptarnos, y con urgencia. En un velero adaptarse se Ve: son cinco pares de manos leyendo el mismo viento y moviéndose hacia el mismo horizonte, una y otra vez. Y otra.
Así es la Estrategia que acompaño: viva, visible, sentida y compartida.
Un rumbo que se dibuja entre varias personas y se sostiene con atención constante, porque el viento rachea y cambia, y hay que estar escuchando y leyendo todo el rato de dónde viene y dónde empiezas a perderlo.
Un baile entre escuchar el viento, escuchar al equipo y sostener la caña, para que el barco avance hacia el horizonte que hemos elegido. Aunque no sea en línea recta.
Casi nunca lo es.
¡Que tengáis una buena navegación estratégica y que el viento os sea favorable!