En septiembre volveré a ese tiempo de ritmo, premura, de movimiento (a veces acelerado) y sin duda notaré la diferencia entre lo que decidí en junio-julio, con el semestre encima, y lo que dejé reposar estas semanas.
Las decisiones que reposan pierden la urgencia que las deformaba y ganan una dirección que solo la da el tiempo.
Es lo que intento cuando acompaño a un Comité de Dirección: que no confundan velocidad con dirección, y que se den permiso para dejar madurar lo importante antes de moverlo. Una organización que nunca repone su mirada acaba moviéndose deprisa y a ciegas, cada vez más rápido y cada vez menos lejos.
En muchas empresas veo el gesto contrario, y sale caro: el trabajo se acumula mes a mes, nadie se para a decantarlo, y cuando llega la saturación se pide «un espacio para pensar», como si pensar fuera un evento que se agenda para una tarde. La Estrategia no se comporta así. Necesita un fondo sobre el que posarse y un tiempo para tomar forma. No se puede externalizar del todo: puedes rodearte de gente que te ayude a mirar, pero decidir qué guardas, qué sueltas y qué abres es tuyo.
Es, en el fondo, lo que dibuja la imagen que acompaña este texto: un montón de papeles arrugados que, al ordenars y reposar, toman su lugar y su forma y se convierten en barcos y pájaros que encuentrarán su ritmo, su flujo, su espacio y su rumbo.
Por eso agosto, para mí, es la estación en que la Estrategia recupera su tiempo.
Primero poso, para Ver el tiempo que hemos recorrido entero; después reposo, para Mover con criterio lo que viene.
Ver y Mover, en ese orden: es toda mi Estrategia dicha en dos palabras. Si no lo Veo, no me Muevo; y para Verlo de verdad, antes hay que dejar que se pose y repose.
¡Disfrutad de este tiempo de pausa, de poso y reposoro!
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