Problemas de comunicación en equipos: no es comunicación, es que no estáis viendo lo mismo

Donde creemos que estamos alineados… pero no lo estamos

Hay un momento en algunas reuniones que a mí me interesa especialmente. No es cuando alguien habla ni cuando alguien discrepa. Es cuando alguien intenta cerrar: “Vale, entonces estamos alineados.”

Y ahí suele pasar algo. Nadie se opone, pero tampoco hay una sensación clara de acuerdo. Hay un pequeño silencio, una aceptación sin convicción, y la reunión se da por cerrada. Se instala la idea de que se ha avanzado.

Pero muchas veces no es así.

Lo que se ha producido no es alineación. Puede ser cansancio, prudencia o simplemente el deseo de no seguir tensando la conversación. Y desde ahí se construyen decisiones que luego no se sostienen.

Días después, lo acordado se reabre, cada área interpreta de forma distinta o la ejecución se desvía sin que nadie entienda bien por qué. Y entonces aparece la sensación de que “algo no está funcionando”.

La lectura habitual nos lleva a la comunicación. Pensamos que falta claridad, que no hemos concretado suficiente, que necesitamos más conversación, más síntesis, más orden. Y entonces reforzamos eso. Pero lo que estamos haciendo, en el fondo, es intentar resolverlo desde el mismo lugar. Porque no es solo una cuestión de decirlo mejor. Es una cuestión de poder Verlo.

De poder salir de la interpretación individual y construir algo que permita al equipo mirar lo mismo, más allá de las palabras.

Una comunicación que no solo transmite, sino que hace Visible.

Y mientras eso no ocurre, por mucha claridad o conversación que añadamos, hay algo que no termina de moverse.

Porque el problema no es cuánto se ha hablado ni cómo se ha dicho. El problema es que no se ha construido una comprensión compartida. Se han compartido palabras, pero no necesariamente el significado que cada uno les estaba dando.

Y ahí empieza el desajuste. Aunque utilicemos el mismo lenguaje, no estamos viendo lo mismo. Y sin eso, la conversación puede avanzar, pero no construye una base real sobre la que decidir.

El punto ciego: cada uno tiene su mapa… pero nadie lo está viendo

Aquí es donde suele estar el punto que no se ve. No falta información ni criterio. Lo que ocurre es que cada persona está operando desde su propio mapa, pero ese mapa no está siendo compartido ni trabajado por el equipo.

Ahí están los criterios con los que cada uno interpreta la realidad: qué considera importante, qué entiende por urgencia, qué riesgos está viendo, qué significa avanzar. El mapa orienta la decisión.

Pero cuando ese mapa se queda dentro de cada uno, la conversación no construye una base común. Pone en contacto interpretaciones distintas sin integrarlas. Por eso muchas conversaciones estratégicas se quedan a medio camino. Se habla, se contrasta, incluso se acuerda, pero no se ha trabajado sobre lo que cada uno estaba dando por hecho.

Ahí aparece la fricción invisible: decisiones que se diluyen, acuerdos que no se sostienen, equipos que avanzan con una sensación constante de reajuste. No es falta de alineación en el sentido habitual. Es que el equipo no está partiendo del mismo lugar.

Aquí es donde cambia la intervención. No se trata de seguir profundizando la conversación, sino de cambiar el plano. Dejar de trabajar solo con lo que se dice y empezar a trabajar con desde dónde se está diciendo.

Porque mientras eso no se haga visible, no hay nada verdaderamente común. Cada uno sigue operando con su lógica y la organización funciona como si esa lógica ya estuviera compartida.

No lo está.

El mapa es necesario. Lo que falta es convertir esos mapas individuales en algo que el equipo pueda ver, poner en relación y trabajar conjuntamente. Porque sin eso, la decisión no es una decisión. Es una coincidencia momentánea entre interpretaciones distintas, y eso no se sostiene.

Lo que cambia cuando lo hacemos visible

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Aquí es donde el Lenguaje Visual Estratégico deja de ser un recurso de comunicación y pasa a ocupar un lugar dentro del propio proceso de pensamiento.

No aparece al final para explicar mejor. Aparece cuando todavía no está claro.

Cuando el equipo está hablando pero no termina de encontrarse. Cuando hay interpretaciones distintas operando a la vez. Ahí lo visual entra como superficie de trabajo.

No para representar lo que sabemos, sino para hacer visible lo que todavía no estamos viendo juntos.

Empiezan a aparecer los supuestos, las prioridades, las tensiones, las relaciones entre elementos que en la conversación se diluyen. Y cuando eso se pone fuera, deja de pertenecer a cada persona. Pasa a ser algo común.

Ahí cambia la conversación.

Deja de ser una suma de opiniones y pasa a ser un proceso de pensamiento compartido sobre algo que todos pueden ver. No simplifica la complejidad. La organiza.

El equipo no solo dice cosas. Puede ver cómo se relacionan, qué está sosteniendo qué, qué está en tensión y qué está quedando fuera. Y desde ahí, decidir cambia. No porque haya más información, sino porque hay más claridad sobre cómo está estructurada.

Por eso no utilizo el Lenguaje Visual Estratégico para explicar una estrategia ya cerrada. Lo utilizo para poder construirla.

Y cuando eso ocurre, la conversación cambia de verdad. No porque “nos entendamos mejor”, sino porque dejamos de hablar desde dentro de nuestras cabezas y empezamos a pensar sobre algo que está fuera.

Y eso es lo que permite que una decisión se sostenga.

Hay una pregunta que suelo dejar en el aire: cuando decís que estáis alineados, ¿en qué exactamente? No en términos de palabras, sino de lo que estáis viendo.

Porque cuando eso que ahora está en tu cabeza pasa a estar delante, cambia la conversación. Y normalmente también cambia lo que decides hacer con ella.

Ese es el punto.

Si no lo vemos, no nos movemos.

Miryam Artola
Author: Miryam Artola